Yo soy la vid, vosotros los pámpanos…
Juan 15:5a
De las calles me tomaste
quebrada y marchita,
me sustentaste
con tus aguas,
reverdeció mi faz.
Vestiste mis heridas
con lienzo y aceite,
mis grietas se poblaron de ti.
No soy más mía,
sino tuya. De tu mano
camino, no me quiero apartar.
Pierdo el sentido si soltarte
intento, desfallece mi alma,
me vuelvo a agrietar.
No dejes que caiga.
Amor, permanece en mí.
Fragantes son las flores
que cultivo al verte,
tus palabras fortalecen
sus tallos y mis brazos.
Adorno con estas mi ventana,
amigos sonríen a su lado,
viajeros se detienen,
me abrazas por la noche.
Que la historia termine
no quiero. Guárdame de soltarte,
de volver a las calles
en pensamiento y recuerdo.
De producir astillas y espinas
y herir, y herirme, y herirte.
¿De qué sirve un amor
si no ama?
Mejor me fuera
ser cortada que traicionarte.
Purifícame, y cantaré
con girasoles de tu amor.
Sean tributo las palabras
de mi boca, y honor
a la casa de tu Padre.
Mi gozo es tu sonrisa.
Pasan los días
y te conozco más.
Yo, que era lirio silvestre,
crezco tranquila a tu sombra.
Amigo, amor, amigo,
me has elegido sin merecerlo.
Te escucharé hasta el final.
Nada pido, sino a ti.

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