Hijos de hombres, de P.D. James, es un libro que no estaba en mi radar para una pronta lectura. Gracias a amigas lectoras y a un club al que me invitaron, me zambullí en la distopía planteada por la autora británica del siglo pasado. Y debo decir, he salido con reflexiones interesantes gracias al mundo planteado por la autora y lo compartido en el club.
La novela acontece en 2021 e intercala el diario del protagonista, Theo Faron, historiador de cincuenta años con una visión pesimista del mundo, con un narrador omnisciente que lo sigue entre entrada y entrada del diario. En el cuaderno, Theo registra Inglaterra bajo la dictadura del Custodio, normalizando las atrocidades del régimen dado su propio aislamiento y su estar convencido de la racionalidad de su primo, el Custodio. Su interactuar con un pequeño grupo de disidentes lo lleva a enfrentar su visión del mundo con la realidad, y después, a actuar, cuando la esperanza se encarna.
La esperanza encarnada es un nacimiento después de años sin estos. En 1995, año Omega, se registró el último. Y la humanidad decae, enloquece y pierde la esperanza desde entonces: los más jóvenes crecen creyéndose dioses; se inventa el átropos, un ritual «elegante» para eliminar a los viejos; se importan extranjeros para realizar los trabajos desagradables sin otorgarles igualdad de derechos; se arroja a infractores sin un juicio adecuado a una isla donde impera la anarquía. Y la lista continúa.
Leer el diario de Theo y encontrar 2021 como la fecha del relato genera una sensación extraña, como la de abrir una cápsula del tiempo. Leo el libro, y veo que lo que planteaba la autora sobre el futuro se asemeja en mucho a lo que vivimos hoy en día. Promoción del bienestar, seguridad y placer como estilo de vida. Antropocentrismo, humanismo, egoísmo. Nuestra indiferencia por el destino del otro siempre que nuestro estilo de vida no sea alterado. Nuestra apatía a luchar por lo que vale la pena o es justo, al convencernos de que nuestros actos no harán una diferencia significativa. Nuestra conformidad con sobrevivir relativamente bien. No hay nada nuevo debajo del sol. Mas hay una esperanza: nuestra raza no está al borde de la extinción. Humanos, hijos de hombres, siguen naciendo, y mientras sigamos aquí podemos hacer una diferencia. La de elegir la forma en que vivimos.
Me ha gustado la historia, salvo un detalle del final: que en aspectos técnicos de construcción de personajes y narración dejó que desear. Me quedo con la reflexión del comienzo, y con el deseo de luchar al menos desde mi trinchera.
Porque Jesús mandó a sus discípulos a vivir siendo luz y sal en la Tierra. Y la ley para sus seguidores puede resumirse de esta manera: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No seamos indiferentes a nuestros semejantes.

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