Sobre vivir el evangelio en tiempos de guerra.
EN TIEMPOS DE GUERRA
Si fuera hombre,
Alzaría la voz contra la injusticia.
Por aquellos que hieren
En el fuego cruzado,
Por los que defienden el derecho,
La vida y la creación.
Si fuera hombre,
Andaría el camino que enseñó en su venida.
A los pobres, daría abrigo y bebida,
A los perdidos y abatidos, ánimo y luz.
Marcharía con los que luchan
Por un mañana mejor que hoy.
Esto solía decirme
Cuando tenía menos de veinte.
Ahora veo que los hombres mueren,
Que son silenciados y violentados.
¿Qué es un hombre, sino carne y huesos?
¿No es una mujer, carne y huesos, también?
Soy la cobarde que se esconde,
El corazón en que el fuego arde
Y el hambre y la sed vienen y van.
Soy los ojos nublados, la pena y la impotencia.
La certeza de que mi cuerpo en protesta
Es tan frágil como una pancarta.
Soy la cobarde al resguardo en su cueva,
La que ora en silencio,
La que ve el peligro y se esconde,
La que dice «alguien lo hará»
Y entierra el sentimiento
En versos y en poesía.
No quiero ser esa cobarde
Ni temer por mi bien.
Tampoco quiero guardar silencio
Ni seguir indiferente
Al dolor que compartimos,
A las guerras que vivimos.
«No solo se combate en cuerpo».
«No solo se pelea en el frente».
Haré de este escritorio mi trinchera,
De mis palabras y mis luchas,
Un camino en los escombros,
Compañía y esperanza.
Pondré mi corazón a su servicio,
Mi pluma y mi sentir
Por combustible y tinta,
Convertiré mis experiencias
Del microcosmos en que vivo
En manifiesto novelado de su amor.

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