El Juego de Serpientes y Escaleras: Una Metáfora de Vida

Septiembre ha sido un torbellino emocional. Terminé agosto con un viaje de ida y vuelta a Zamora para despejar la mente de comentarios difíciles de procesar sobre mi última novela. Disfruté de los paisajes y del clima fresco, pero el alivio fue corto. Septiembre llegó con un cumpleaños sin lluvia para refrescarme del calor de verano, y un nuevo choque con los comentarios de mis lectores beta. Me cuestioné mi habilidad para comunicarme y reflexioné sobre la importancia de las metáforas en mis escritos, la diversidad de las experiencias humanas y cómo estas actúan como contexto en un escrito, tanto al leerlo como al escribirlo. También medité en mis procesos de escritura, percibí mi cansancio y descansé, más o menos.

En este mes canté y leí a ratos, vi un poco de mi serie animada preferida, contemplé las primeras flores de una noche del año y medité en las misericordias de Dios. Mientras revisaba y complementaba la planeación de mis historias, lidié con la preocupación por la salud de mi hermana y con las tareas domésticas. Volvió a llover. Y la enredadera con hojas de corazón subió por la malla que rodea la casa. Oré. Dios envió sus pruebas, y por su gracia el balance es positivo. No me he rendido y él no se ha rendido conmigo.

Mirando en retrospectiva, es curioso que durante el mes de agosto escribiera un poema que compara la vida cristiana con el juego de serpientes y escaleras. El poema me recuerda este septiembre, con sus subidas por las escaleras y bajadas por las serpientes, sus interrupciones mirando a la nada en una casilla, sus distracciones, y el avanzar hacia la meta. Hoy quiero compartirlo contigo.

CHARADA

Este es el juego de serpientes y escaleras.
Se juega en la copa de un árbol,
De día y de noche,
Mientras haya vida por andar.

Asciendes por el tronco o por las ramas,
Desciendes igual.
No hay turnos, ni tiempos,
Ni casillas que subir o qué bajar.

Puedes permanecer en la misma rama,
O de una a otra pasar,
Pero en el tronco, sin duda,
No te puedes quedar.

No te engañe, mientras juegas,
La belleza de la orquídea,
Ni el plumaje bermellón
Del petirrojo estival.

Busca el sol;
Hojas o pétalos persigue;
Frutos de savia nutridos,
Fragantes, de encanto primaveral.

En equipo o por ti solo,
Tú decides cómo juegas.
Solo recuerda:
Tú mueves tu ficha y nadie más.

Eres la rama en la que estás,
Y obtienes tu ficha
Cuando a la copa del árbol
Decides de corazón escalar.

Priscila Chacón

Escritora, lectora y astrofísica

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