
Señor, me diste una rosa; pero sólo florece si la riega el llanto. Bendita sea la lágrima silenciosa que la abrió milagrosamente. Alaíde Foppa

Pensar en el que año que se acaba es como mirar el horizonte al alba. Y mientras el sol aún no nace, pensar en el camino recorrido desde la última vez que estuvimos así. La sucesión de memorias no es la más grata, en mi caso, pero si una para dar gracias.

O lo que descubrí tras mi último quiebre y reconexión conmigo misma y con mi arte. Esto es lo que escribo y por qué escribo.

¿No has deseado que Dios te de una señal, por pequeña que sea, de que vas en el camino correcto? Mi corazón lo ha hecho, y desear un adelanto con los pies metidos en suelo pantanoso abate el alma. Este es mi camino con la depresión.

Una escena recurrente de las veces que he visto películas sobre artistas, es esa en que el personaje se aleja del lienzo. Da unos pasos atrás, dos o tres, y desde la distancia examina la obra en proceso. La herramienta en su mano y el índice y el pulgar se convierten en instrumentos para medir…

Cuando leí el libro de Éxodo, una escena que llamó mi atención fue el llamamiento a los sabios de corazón para todas las obras del servicio del santuario. La historia dice que las mujeres sabias de corazón que hilaban con las manos trajeron lo que habían hilado. Esta idea me hace pensar en el escritor…

¿Qué es el amor? ¿Y qué escribir con amor? Para mí, es la manera de caminar entre las palabras, el pensamiento al escribir, la entrega en la creación de la obra, y la forma de conducirse del escritor. Es mi objetivo de 2025, y me gustaría compartirlo contigo.

Es difícil nadar contracorriente, sobre todo si lo haces solo. Las aguas se sienten espesas, te hunden sin terminar de ahogarte. ¿Alguna vez te has sentido así?