
Pensar en el que año que se acaba es como mirar el horizonte al alba. Y mientras el sol aún no nace, pensar en el camino recorrido desde la última vez que estuvimos así. La sucesión de memorias no es la más grata, en mi caso, pero si una para dar gracias.

Tu mundo fantástico perderá su colorido, se marchitarán y morirán tus sueños y caeran como las hojas secas de los árboles. […] Porque, al fin y al cabo, va uno siendo maduro y dejando atrás sus ideales de antes; éstos se quiebran, se desmoronan, y si no hay otra vida, la única posibilidad es hacérsela

Estoy agradecida por llegar hasta hoy en tan largo capítulo, por cruzar valles y cimas. Porque a pesar de todo, he aprendido a quererte. 2024, Dios te ha traído para enseñarme tanto.

¿Cuántas semblanzas de los misterios de Dios no ocultarán los fenómenos celestes?

Es difícil nadar contracorriente, sobre todo si lo haces solo. Las aguas se sienten espesas, te hunden sin terminar de ahogarte. ¿Alguna vez te has sentido así?

Al mirar atrás en 19 de mayo, recordaré la novela con la que nació mi sueño de escribir.