Pensar en el que año que se acaba es como mirar el horizonte al alba. A tus espaldas están los caminos andados, las metas conseguidas, los sueños tocados y los abandonados, los tramos cortos y los que se alargaron hasta el punto de que continúan hasta el ahora y más allá, hacia donde el sol pronto se asomará con un nuevo día y un nuevo comienzo. Podríamos escoger cualquier amanecer para pensar de esta manera, pero por algún motivo, elegimos el 31 de diciembre. Y mientras el sol aún no nace, pensamos en el camino recorrido desde la última vez que estuvimos así.
La sucesión de memorias no es la más grata, en mi caso. Es un cuadro con sol y sombra, donde ventanas y caminos y puertas se interconectan, donde hay agua y nubes y lluvia y calor. Y por esta composición que El Gran Escritor conocía que necesitaba escribir en el capítulo 2025 de mi vida, le doy gracias.
Por enseñarme más sobre la amistad y sobre lo que es ser familia en la fe a través del grupo de Creartesanos. Por poner a estos amigos en mi camino, poder compartir con ellos la vocación creativa y expandir mi pensamiento gracias a nuestros ejercicios y beteos. Por su ánimo cuando enfrentaba el duelo del cambio que necesitaba mi novela.
Por confrontar mi forma de ver la justicia, la vida y el amor a través del arte, de amigos y de su palabra. Porque al escuchar de los que se gozan y de los que se duelen (en la iglesia local, en la iglesia global y el mundo), mi corazón se conmueve. También porque se duele ante la injusticia.
Por usar las voces de mis lectores beta para recordarme los inicios de Lo que quería contarte. Por reconectar con la Priscila que hace más de diez años comenzó esta novela, y con la Priscila que hoy reconoce a su novela como un entramado de autoficciones.
Por permitirme conectar dos de mis pasiones en un cuento, y escribir sobre el asombro de un niño ante la estrella que señalaba el nacimiento de un Rey excepcional.
Por MAI y la oportunidad de moderar un Webinar, tomar un curso de cuento y revisar aprendizaje importante en conferenciasor su aliento e interés personal en mi como escritora.
Por Eli RH, amiga a la que él ha usado para brindarme ánimo y consolación en mi oscuro septiembre e incierto junio. También para confrontarme con paciencia.
Por mi familia de sangre, con los que puedo contar en las buenas y en las malas. Gracias a ellos y a su disposición a hacer cambios, he podido acomodar espacios para escribir. Porque mis carencias se complementan con sus talentos, y viceversa. Por aprender junto a ellos más sobre las tormentas de la vida y la paz que Él ofrece.
Por darme el valor para buscar la forma tradicional de una fe activa a través de congregarme con hermanos.
Porque he podido leer la Biblia de tapa a tapa, como obra completa, como arte y como revelación.
Y qué decir de la salud, que fue mayormente buena, y de la vida que me fue dosificada en instantes. Y de los libros que leí, los autores que conocí, aquellos con los que reconecté y las frases y escenas que me inspiraron e instruyeron o me hicieron reflexionar.
Ha sido un capítulo memorable, del que estoy segura recordaré fragmentos cuando piense que el día es demasiado gris, o cuando viva algo parecido, o cuando compare lo que llevaba avanzado en una novela y vea lo que llevo entonces.
Deseo que cuando mires de nuevo al horizonte y los primeros rayos del sol tiñan el cielo de rojo, tú también pienses en 2025 con una sonrisa. Con la certeza de que sobreviviste, y de que hubo destellos para recordar con cariño. ¡Feliz año nuevo!

Deja un comentario