Desde la niñez hasta ya en la adultez, me preguntaba a cuál de todas las estrellas en el firmamento correspondía la historia de Mateo 2. Pensaba, como muchos creyentes en la ciencia imagino que han pensado alguna vez, que si lograba identificar la estrella encontraría una prueba fehaciente de la veracidad de la Biblia. Una escrita en la naturaleza, independiente de investigaciones históricas, o el testimonio de testigos.
A pesar de esta curiosidad sobre la identidad de la estrella, no me había cuestionado seriamente si, para empezar, era posible que la estrella no fuera una estrella. Esta pregunta surgió alrededor de septiembre, cuando me inscribí a un curso de cuento y me planteé la posibilidad de escribir sobre el fenómeno que vieron los magos. El texto a continuación es una reflexión inspirada por mis investigaciones de entonces.
Caracterización
Mateo menciona en su relato que los magos vieron su estrella en oriente y vinieron a adorarle (2:2). También que la estrella se detuvo donde estaba el niño (2:9) cuando los magos llegaron a Belén, después de que partieron del palacio del rey Herodes. La palabra estrella aparece también en el libro de Números, en la profecía de Balaam, donde se hace referencia a esta lumbrera que saldrá como la estrella de Jacob (24:17).
En otras palabras, esta estrella debía cumplir con tres características mínimas:
- Ser visible en el hemisferio norte durante el tiempo de la travesía de los magos, un tiempo mínimo de dos años después del nacimiento de Jesús. Esta es la edad máxima que el rey Herodes consideró en la matanza de los niños (Mateo 2:16), y muy probablemente la edad de Jesús en ese tiempo.
- Servir de guía desde oriente hasta Belén, hasta la locación específica del niño (Mateo 2:1-9).
- Aparecer como una señal en el cielo en el tiempo del nacimiento de Jesús, de tal modo que solo hasta su nacimiento los estudiosos del cielo viajaron al lugar señalado para adorarle.
Prueba de hipótesis y discusión
La primera y tercera consideraciones me llevaron a pensar que podía tratarse de una supernova. Esto es, la explosión en que muere una estrella masiva, en la que produce una gran cantidad de energía radiante. Si la estrella estaba lo bastante lejos de la Tierra, dada la ausencia de telescopios en la época, habría sido posible verla aparecer cuando su brillo entrara en el umbral que puede detectar el ojo humano. También verla por meses en el cielo, con un brillo decreciente.
El registro más antiguo de un fenómeno celeste parecido corresponde a la supernova RCW 86, en el año 185 de la era actual, de acuerdo con registros de astrónomos chinos y observadores romanos. Mucho después del nacimiento de Cristo.

Cuando encontré estos datos, pensé que la estrella de Belén podría haber sido una supernova menos brillante. Que por esta característica fue pasada por alto en los registros oficiales. No sería imposible. En tal caso, la cuestión sobre la identidad de la estrella recae en la característica más difícil de sortear: que señale específicamente la ciudad de Belén.
La Biblia dice que los sabios provenían de regiones al oriente de Judea. Como siguieron la estrella hasta Belén, eso quiere decir que el astro debió estar al occidente de ellos hasta que su viaje terminó en la ciudad de David. En este punto, la estrella brilló en lo alto, sobre el lugar en que se hospedaban Jesús y su familia. Hablando desde una perspectiva científica, esto es imposible para una estrella en occidente.
La Tierra, como sabemos, gira en torno a un eje imaginario que va del polo norte al polo sur. Este movimiento se conoce como precesión. Gracias a este movimiento tenemos el día y la noche, y en un día dado, vemos que la Luna sale por la noche del oriente y se pone en el occidente, siguiendo una trayectoria curva en el cielo que depende de la latitud a la que nos encontramos y de la posición de la Tierra en su órbita alrededor del Sol. Si seguimos con nuestros ojos cualquier estrella a lo largo de la noche, veremos que todas se comportan de forma semejante, con la excepción de las estrellas polares. Estas, localizadas en dirección a los polos norte o sur, permanecen estáticas a lo largo de toda una noche. Podría decirse que están quietas porque coinciden con la posición del eje terrestre. Debido a su quietud, los navegantes usaban a las estrellas polares como guía antes de la invención de instrumentos como la brújula.
Ahora, Belén no se encuentra en dirección a los polos. Entonces, que una estrella como las conocemos permanezca fija sobre esta ciudad es imposible. La única solución es que lo que vieron los magos no hubiera sido una estrella, sino un objeto puntual y brillante a simple vista en el cielo. Un fenómeno sobrenatural, como los ángeles que aparecieron a los pastores a las afueras de Belén (Lucas 2:8-15).
Esta señal habría sido enviada por Dios para surgir al tiempo preciso y permanecer sobre la morada de su hijo por el tiempo necesario e indicar su origen divino. Una señal de belleza similar a la que verían los israelitas junto al río cuando el Espíritu descendió sobre Jesús como paloma, cuando fue bautizado por Juan (Mateo 3:16).
Conclusiones
La estrella de Belén no era una estrella, sino una señal sobrenatural en el cielo para indicar el origen divino del niño.
Esto, sin duda, parece locura. Algunos lo llamarán decepcionante, sobre todo los que disfrutan del conocimiento y de la ciencia, y que solo miran con los ojos. ¿Qué era, específicamente, esta señal en el cielo? Por lo pronto, guardaré este misterio para preguntar sobre él cuando muera y viva para siempre.

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