En esta ocasión quiero compartir un poema que escribí pensando en el árbol que estaba plantado delante de mi casa. Ni el árbol era mío, ni sigue frente a mi casa, pero el recuerdo de su copa similar a una sombrilla, sus hojas anchas y frutos coloridos viene a mi memoria al meditar en el paso del tiempo y su apreciación. Esta lente vegetal me recuerda la percepción de la vida, y cómo esta puede ser buena e iluminada si miro hacia arriba.
La copa es también protección, y me permite mirar hacia el sol. Gracias a ella, el calor no me quema y puedo reposar. El sol y el almendro, creación, dirigen mis pensamientos al Creador.
A MI ALMENDRO
No hay algo que celebro
Más que la vida;
La dicha
De caminar bajo tu sombra,
Oh almendro.
Sombrilla calada en primavera,
Sol tibio en invierno,
Gotas furtivas en verano.
Como la vez primera
Que en mi piel el viento
Posó su beso solano.
No eres, copa mía, parasol,
Pero por tus huecos
Escribe algo distinto
A nuestros pies el sol.
Versos que producen ecos
Sonidos en tapiz variopinto
Anhelo escribir, junto a tí, su calor.

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