Gracias, papá, por enseñarme a silbar

Comienza los días (o las tardes) con un silbido. Un instante de gozo y de acción de gracias. Los inicia sin palabras, con la voz del corazón, la alabanza del alma y el recuerdo. Lo escucho y me pregunto, ¿ve el rayo de sol a través de las nubes o solo piensa que está allí, calentándolo del otro lado? ¿Es la suya una habilidad que se agudiza con los años?

Lo oigo llamar a los días vacaciones. Dice que no sabe cuándo terminarán, pero que quiere aprovecharlas. Ecualiza la música en las bocinas y continúa con el desayuno; las pequeñas tareas son un juego para él.

Creamos historias a las aves que vuelan de paso, a los gatos, a los búhos y a los mapaches. Me cuenta las memorias de su niñez, sus aventuras en el campo y pescando. Él bromea y rie, a veces demasiado. Es su forma de silbar con palabras.

Permanece al alcance de un llamado. Su prioridad es estar cuando es necesario. No se expresa con palabras bonitas, y sin embargo, siempre acude de buen ánimo. No le importa nuestra clasificación de los asuntos, o si los llamamos urgentes o tontos. El acude, si le contamos. Si le cuento.

Sus pasiones son distintas a las mías, aunque su forma de hablar de estas se asemeja. Cadenas unidas por símiles, figuras o recuerdos o sonidos. Tiras que fraccionan o nos cortan con tijeras. Que he cortado, también. Quiero escucharlas terminar, y vencer mi impaciencia.

Es valiente, y si teme se lo guarda. Siempre está al tanto del mundo, de la economía y de la ciencia, de las guerras y sus rumores, de las nubes de lluvia. Conduce conmigo por lo ancho del mundo y me ofrece consejos, soluciones y enseñanzas. Su innovación no deja de sorprenderme, en lo pequeño y cotidiano y en la imaginación.

Es imperfecto, pero se parece tanto a ti, Señor, que solo puedo darte gracias por la inmensa fortuna de llamarlo papá.

Priscila Chacón

Escritora, lectora y astrofísica

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Pensar en el que año que se acaba es como mirar el horizonte al alba. Y mientras el sol aún no nace, pensar en el camino recorrido desde la última vez que estuvimos así. La sucesión de memorias no es la más grata, en mi caso, pero si una para dar gracias.

Una canción de gratitud

El año está cerca de terminar. Un año de crestas y valles, y olas tras olas que que me han hecho caer y alzar la vista a aquél que me sostiene y me levanta. A veces me siento como el eterno cervatillo que aprende a andar, de piernas endebles y con un corazón que persiste…